Cepillos de limpieza para bongs
Weed Wissen
Cepillos de lana para la cazoleta
El mejor compromiso es probablemente un cepillo de lana de dureza suave a media, con o sin un cabezal de lana aparte. Este último resulta práctico en bongs de acrílico abombados con «rincones» difíciles de alcanzar, aunque en realidad no es imprescindible. Muchos limpiadores de bongs con experiencia juran por él, porque la fragilidad del acrílico reduce los tiempos de remojo posibles con el limpiador de bongs, de modo que aquí el cepillo cobra más importancia que con el vidrio. En muchos casos, el cabezal de lana permite llegar a zonas que un cepillo convencional sencillamente no alcanzaría.
Limpiar el chillum
La cosa es algo menos delicada con los típicos cepillos para chillum. Como la gran mayoría de los chillums de los bongs de acrílico son de aluminio, apenas existe riesgo de causar daños permanentes. Los posibles arañazos tampoco importan aquí, ya que, si acaso, se producirían en el interior invisible del tubo. Un cepillo para chillum fino o medio basta en la mayoría de los casos, y se puede prescindir tranquilamente de los caros cepillos especiales. Esto vale incluso para los bongs con cazoleta deslizante (de cazoleta extraíble y sin tamiz), aunque en estos cabe esperar una suciedad bastante mayor del chillum y del propio bong al faltar el tamiz. Aun así, conviene hacer estas limpiezas a intervalos regulares para evitar una desagradable capa de suciedad acumulada. Aunque el tubo parezca limpio de nuevo, tras largos periodos de acumulación quedan al menos olores desagradables (y con ellos, sabores).
Limpiar el tamiz
El único caso en que los cepillos de metal o de acero tienen cabida en un bong de acrílico es la limpieza de los tamices (si es que se usan). Aquí los suaves cepillos de lana no llegan muy lejos y, por lo general, hay que recurrir a medios más contundentes. Este es el momento del método bruto, con cepillos de acero en el caso ideal. Normalmente bastan unas pocas pasadas sobre el tamiz sucio para dejarlo listo otra vez. Resulta más fácil si antes se dejan secar un poco los tamices, de modo que ya no tengan restos aceitosos. Además de facilitar el manejo, así también te manchas menos los dedos. Cuando el tamiz ya está seco, la ceniza y la mugre se desprenden más o menos solas (¡ten un cenicero debajo!).